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El 24 de Marzo de 1976 Videla asume el poder, dictado el inicio del Proceso de Reorganización Nacional lo que sigue no es bonito… Las acciones guerrilleras se hacen oir hacia 1975 seguida de profundas caídas para el mercado nacional, la alocada situación económica, el terror acentuado por la Triple A, todo culminando la iniciativa de alimentar el golpe de Estado que procuraría iniciar el orden y la calma colectiva, dado a esto, nada se cumpliría. Nuestros queridos militares de ese entonces entregaban situaciones de querer desprender el tumor que acosaba la sociedad toda, de extirparla cuán cancer derrumba progresivamente el organismo en el humano, la más clara y perfecta visión de Foucault de limpiar y “barrer” lo que destruye a un organismo y el buen funcionamiento del mismo. “Genial” decíamos, una práctica para apaciguar el presente, pero la realidad nos mostraba una cara paralela y -al mismo tiempo- muy opuesta de lo que estaba sucediendo y del plan de los militares. Todo deriva en represión generalizada, un revuelo anárquico en manos de irresponsable y donde el “tumor” provenía de las voces de quienes decían -a posteriori- querer extirpar. Se persigue masivamente a todo aquel que vislumbraba sospecha alguna, anotados en fichas y donde el mando militar tenía la última palabra; es decir, la represión fue realizada desde el Estado. Secuestros, torturas, ejecución, en fin, terrorismo transparente y modificado por los altos cargos de organizaciones dominantes. Eran momentos de acciones instantáneas, se necesitaba entrar, trasladar y salir… en un punto fijo y establecido, el “menú” de torturas incluían: violaciones sexuales, agresiones físicas, sufrimiento psicológico: simular fusilamientos, maltratos a familiares, allegados, etc, sumado a que estos no tenían las condiciones de salubridad correspondientes, mala alimentación, no se recurría a la atención médica y demás. Poner en jaque a la víctima era la receta a seguir. La sociedad era perseguida, los lugares clandestinos se reproducian en cada momento, no había espacio para levantar la voz ya que significaba cavar su propia tumba, aunque de todas maneras las tenían que cavar igual. Con la sociedad dada vuelta e inmersa en el descontrol nacionalista, las expectativas de un declive proporcional era la opción más racional, de la mano de la usurpación y sembrar el pesimismo era el camino próximo a construir y una respuesta de huelga se eliminaba más fácil que una abuela en estado vegetal.
Por otro lado, la economía presentaba síntomas de deterioro importante, desde problemas en la balanza de pagos hasta una fuerte y creciente inflación que espantó a varios liberales, junto al desorden empresarial y su lucha con los trabajadores se volvía cada vez más lapidaria la idea de la estabilidad política. En éste camino, Martinez de Hoz era como un títere sin sentido y contrasentido, le dió una patada a la inflación provocando el descenso del PBI y el doloroso golpe en los salarios de los obreros, todo un caos generalizado que dejó al Estado quebrado con el incremento de la deuda externa y que repercute hasta el día de hoy, aunque el oficialismo nos haga creer que gran parte de esa deuda fue resulta…
¡Ah sí, y los ahorristas estaban más que perdidos! Cada banco extranjero era una tentación para depositar el dinero, algunos recurrían a la idea de Smith pero no la implementaban adecuadamente, el error pronto creció y con ello se encaminó a la ruina. La felicidad se desvaneció. La única norma a seguir era silenciar la sociedad aunque no fue por mucho tiempo. En ésta misma línea, la confrontación con Chile en la frontera se expandía y Juan Pablo II fue el mediador para calmar la situación, una de sus acciones más acertadas que produjo en su cargo. Por otra parte, la reacción en los Derechos Humanos tardó demasiado en hacer presencia efectiva, de todas maneras la ONU -Organización No Útil- se lavó las manos (como siempre) y con esto las Madres de Plaza de Mayo se presentan e incrementan sus movilizaciones, lo vuelve más constructivo alentando las huelgas de empresarios y sindicalistas ya que su pasividad estaba más que justificada.
El descontento popular era masivo, y si alguien -en ese entonces- creía que la situación iba de mal en peor estaba en lo cierto ya que Galtieri asume la presidencia hacia 1981. Éste señor fue un ser irracional y alcoholico que encadenó hasta su miembro genital, y la economía “chiflaba” de lo tan bajo que había caído; el autoritarismo era innato en él y la violación a los Derechos Humanos su mejor carta para alimentar lo mencionado a priori.
Adentrarnos en una guerra contra Gran Bretaña fue su mayor error, pero claro, éste señor creía que tenía el respaldo de Estados Unidos y alegaba -erróneamente- pertenecer a las grandes potencias, aires de grandeza no le faltaron, ya que de un empujón cayó en la realidad y junto a su codicia la sociedad se hundió en la humillación ajena, todos los “leales” a Galtieri dieron un paso atrás y el fin estaba mucho más claro para entonces. Las manipulaciones del “Cuarto Poder” se manifestaron y la sociedad argentina que celebró el Campeonato Mundial lo hizo también con la supuesta victoria en Malvinas con la incoherencia de estar “ganando” una guerra en donde se creía que era una lucha contra montoneros. La realidad venía acompañada -nuevamente- con la represión. Enviar al frente de batalla a unos pibes sin casco y un chaleco fue lo que nunca se perdonó. Aún quedan demasiados interrogantes y la justicia parece mirar -como si fuera algo extraño- hacia el otro lado, se necesita procesar a los genocidas y mantener en la conciencia social la necesidad de hacer valer las leyes, depurar de una vez a los criminales del pasado y sanar el presente.
Y ahora yo me pregunto, ¿Por qué vivimos en una constante amnesia nacional?
Ni siquiera Nietzsche puede aclarar mis dudas. Ni siquiera él.

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