¿La heterosexualidad como forma única de lo “normal”?

noviembre 11, 2007

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Desde niños se nos ha metido en la cabeza lo “ideal” que se debería de abordar a lo largo de nuestras vidas, “lo normal y lo anormal” según la época y el lugar, como si existiera una verdad absoluta para decidir lo que está bien y lo que no.

Proceso de instrucción.

En un primer momento nace un niño, se desarrolla y aprende a interactuar con sus padres y con su entorno, dándole prioridad a la madre; al cumplir 5 años se lo lleva a un Jardín de Infantes, donde aprende a socializarse sin tener la capacidad del logos, pero en proceso de aprendizaje en menor medida. En ésta institución aprende -además de lo mencionado- a divertirse, a seguir un orden predeterminado, al desajuste emocional y quizás al “toqueteo” involuntario entre sus compañeros, etc. Luego de un inicio atropellante hacia el camino de la pretensión, el niño prosigue a algo superior -por asi decirlo- en cuanto a “exigencia” se refiere, en un colegio con enseñanza primaria -aunque demasiado débil- se intenta incorporar los primeros conocimientos en materias deductibles, la realización de “tareas vagas”, el implemento de un modismo inocuo y un tanto aceptado con su entorno, la prematura responsabilidad con sus inicios de deberes compartidos con sus padres, etc. Continuamos con la línea de enseñanza, más apta a la del jardín pero con un concepto más aceptable en cuanto a conducta, siempre a un lado del razonamiento. En el paso remarcable sobre ésta institución se debe de aconsejar al niño para qué se lo lleva y el porqué luego de un tiempo lo pasan a buscar, la línea de explicación que muchos padres dejan pasar y en cambio se les miente como enclaje de “calmar” y confundir aún más al niño, acostumbrarlo a regalarle golosinas a cambio de que deje de llorar y con ésto generarle la complacencia de adquirir algo a cambio de un llanto y del capricho. A pesar de agrandar sus resentimientos, a las niñas se les regalan muñecas con un bebé en brazos indicándole la figura que debería de seguir en cierta edad, sin darse cuenta, empiezan a adquirir estos modismos de ser madres, pero lo que no saben es que criar a un hijo no es sólo acariciarlos y mantenerlos en brazos, a algo hermoso como un hijo es paralelamente horrible tenerlo, no sólo hay que palmearle la espalda para calmar sus llantos sino que tambien se debe de cambiar los pañales, de alimentarlo, de educarlos, de darles cariño y todo el relato que se manifiesta en una sola figura que es la muñeca, se agranda las compañías productoras de Barbies y se agranda al mismo tiempo el goce de las religiones en medio, ya sea el islam, judía, cristiana, etc. Por otro lado, en la escuela se entrena a los chicos para ser servidos como medios de producción, por eso siempre denota como aburrimiento, matando la creatividad, el trabajo, lo cual indica que el único momento de diversión se lo considera el famoso tiembre del recreo; cuando uno escucha ese tiembre siente el único sentido de diversión de pasearse en un ámbito de 10 metros durante 5 minutos y luego al escuchar de vuelta el tiembre uno siente que se vuelve al aburrimiento interminable, de inconformidad, a la pérdida del tiempo -aunque se crea que se aprende algo en Matemáticas-; en otras palabras, se nos adiestran como perros con su hueso y adentrándonos a la opresión.

Conformando lo “aceptable”.

La heterosexualidad remite a la reproducción, es decir, comerse la cabeza en que un hombre persigue a la mujer y viceversa y cuando llega el día de la primavera “montarse” a la primera o al primero que se cruce como animales en celos, pero mantenemos un orden determinado, establecido y en esto somos más cautelosos, aunque a la mayoría les encataría comportarse como perros por la calle. Para los griegos la heterosexualidad y la homosexualidad era lo natural, no distinguían de uno y otro, era parte de la cotidianeidad, aunque uno diría “mirá a estos griegos, andaban en polleritas…” Por eso, en un primer momento, la religión acepta la relación entre un hombre y una mujer, pero rechaza la homosexualidad, ya que no aporta a la reproducción en sí sino al placer particular, se rechaza la concepción a la vida que uno elige, y en ésto es donde la religión falla -particularmente la cristiana- porque con la aparición de la misma (refiriéndome a la religión cristiana) se empezó a condenar la homosexulidad ya que -según estas prácticas- pertenecían a las sociedades “barbaras” y en los diez mandamientos no se establece un acuerdo llamativo y da lugar a absurdos que ni el Papa entiende, ni hablar de la religión islámica en donde el Corán “habla” de guerras y de paz en vuelta de hoja; que un hombre tenga a su alrededor un aren de mujeres es lo que importa en su mundo “mágico” de machismo como condición a seguir. En el occidente existe la condición de machismo establecido, de forma un tanto pausada pero intacta de todos modos; por ejemplo, en México el machismo en su etapa madura obligó a crearse leyes para detener la violencia contra la mujer, esto es denotable en Ciudad de Juárez donde da lugar al feminicidio, la etapa última de la cobardía en el hombre que afecta hoy en día a la mayor parte de Latinoamérica y conforma un sin número de casos de violencia contra la mujer, es lamentable que muy pocos conozcan sobre éste tema que afecta a los países de hoy en día tanto europeos como latinoamericanos; llegar a este extremo de canallada preocupante es lo que nos vienen carcomiendo la cabeza las religiones que aspiran a fomentar la homosexualidad como mal y la heterosexualidad como bien, el problema restringe a las personas en general, no determina sus condiciones ni sus lamentos, empezamos a tocar fondo en la situación, se profundiza la desaparición de mujeres en México y gran parte de latinoamérica, se moviliza la lucha en contra de este fenómeno que decae en la sociedad toda y pareciera limitarse a lo necesario, y es donde comenzamos a perpetuar nuestras condiciones de existencia. Lo morbo establecido en el hombre hacia la homosexualidad, ¿pero qué es eso? ¿la homofobia? ¿tan ignorantes es el humano que se deja consumir con pautas publicitarias de la religión? El placer que el hombre siente al ver lesbianas besándose lo indícan como “normal” pero observar a hombres en el mismo estado es “anormal”, es a esto a lo que nos acostumbra la educación en las escuelas, a tratar de denigrar elegantemente a homosexuales y fomentar a las mujeres en seguir con sus muñequitas de Barbies, su bebé en brazos y su “hombre” (Principito-Ken, ojos azules, cabello recortado, sonrisa perfecta) con una figura bien formada y esbelto consumen los últimos “modismos” a seguir en la vida, vivir en una nube de fantasías abismales y encontrarnos con la realidad que nos baja de un suave soplido.

Otra deformación que se suma en el ser humano, concretando -una vez más- lo absurdo en el mismo.

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